En 1948 Bertram Forer repartió en una clase de psicología lo que presentó como perfiles de personalidad individuales, extraídos de un test que habían hecho. Todos recibieron el mismo texto, montado a partir de una columna de astrología de quiosco. Al pedirles que puntuaran cuánto los describía personalmente, la clase promedió 4,26 sobre 5. Ese resultado, publicado en 1949, es el efecto Barnum, y explica por qué una lectura numerológica se siente certera sin contener ninguna información sobre ti: las afirmaciones lo bastante amplias para encajar en casi cualquiera son también lo bastante concretas para parecer escritas para una sola persona. La aritmética de esta página es exacta; lo que el resultado significa lo aporta calladamente el efecto.