La división de colores parece un diagrama de Voronoi, y lo es, pero la distancia que mide son movimientos por celdas libres, no la línea recta. En cuanto hay un rastro, las dos medidas dejan de parecerse. Toma una rejilla de 22×22, traza un rastro por la columna central y deja un único hueco en la última fila: la celda que está dos casillas al otro lado queda a 44 movimientos — veintiuno hacia abajo, dos al lado, veintiuno hacia arriba. Veintidós veces más lejos de lo que aparenta. Un muro que puedes ver por encima sigue siendo un muro que hay que rodear. Por eso la capa se redibuja en cuanto una moto gira, y por eso Voronoi aparece en el desplegable como estrategia y no como adorno.