Una cuerda sujeta por ambos extremos no puede vibrar a cualquier frecuencia. Los extremos están obligados a quedarse quietos, así que solo sobreviven los patrones en los que cabe un número entero de semilongitudes de onda entre ellos: λ = 2L/n. Como la frecuencia es la velocidad dividida por la longitud de onda, las frecuencias permitidas salen como múltiplos enteros exactos de la más baja, fₙ = n · f₁. La cuerda de 1 m de esta herramienta a 343 m/s marca 171,5 Hz con n = 1 y exactamente 514,5 Hz con n = 3 — el triple, no algo aproximado. Esa relación entera es lo que el oído escucha como un único tono con timbre en lugar de un acorde o un ruido, y es lo que permite que una guitarra y una flauta puedan estar afinadas entre sí.